La banda sonora. Una historia de cine

6, noviembre 2006 at 1:58 pm 2 comentarios

Desde aquellas primitivas filmaciones a finales del siglo XIX cuando el sonido del piano acompañaba a las mudas imágenes en blanco y negro, la música ha estado siempre intrinsecamente unida al cine, aunque no siempre se ha podido hablar de Banda Sonora Original.

La primera música se usaba en el cine, sobre todo, para paliar el horrible ruido que hacían las bobinas de las películas al pasar. Al poco, esta música comenzó a escogerse en función de las escenas que se veían en la pantalla. Fue en 1908 cuando surgió, en la práctica, la primera banda sonora original de la Historia del Cine, concebida especialmente para reforzar la expresividad de determinados pasajes de una película. En esta fecha, dos compositores, Camille Saint-Saëns y Mihail Ippolitov-Ivanov, crearon varias piezas para las películas El Asesinato del Duque de Guisa y Stenka Razin. Esto, más que ser tomado como ejemplo, fue visto como algo original y un poco excéntrico dentro de un mundo que no cesaba de evolucionar. En 1914 se producen cuatro películas con un fondo musical creado para ellas. Un año después, se sube a diez.

La desenfadados años 30… O Casi.
Esta época se caracterizaría por una mayor profesionalización de la música de cine, con los nombres de Erich Korngold y Max Steiner a la cabeza. La música sufría una metamorfosis, pasando de un acompañamiento constante, a un empleo más selectivo para subrayar ciertos momentos. Según Steiner “en aquella época, en las películas dramáticas se usaba la música únicamente cuando lo exigía el guión. Entre los productores, directores y músicos dominaba siempre el miedo a que les preguntaran de dónde salía la música. Por eso no ponían nunca música, a menos que pudiera explicarse por la presencia de una orquesta, fonógrafo o radio, que ya estaba especificado en el guión”.
Los cineastas se dieron cuenta de la gran fuerza del silencio en las películas habladas. Afirma Steiner que productores y directores “empezaron a añadir un poquito de música aquí y allá para acompañar escenas de amor o secuencias mudas”, en la primavera de 1931.
Al principio, la música se ajustaba a la acción de modo bastante burdo, y se tomaba de los archivos musicales. Esto cambiaría en 1933, con la película King Kong, cuando el citado Steiner demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura original totalmente sincronizada con las imágenes. Tras ella, llegaron Lo que el viento se llevó, Casablanca y decenas de filmes, recordados por la estupenda música de Steiner.
Pero sin duda fue durante los años 50 cuando el gran público comenzó a tomar más en cuenta la música de las películas, un cambio de actitud que los estudios rentabilizaron animando a sus compositores a escribir temas vendibles, melodías y canciones que pudieran editarse en disco. Por ejemplo, la canción «Moon River», de Johnny Mercer y Henry Mancini para Desayuno con Diamantes vendió más de un millón de copias. A todo ello contribuiría, por supuesto, la mejora técnica de los sistemas de grabación sonora.
La renovación de los 60.
Nuevas figuras ahora internacionalmente reconocidas, como Mancini, Barry, Morricone o Jarre invaden el sonido de las películas. Durante esta década se obvia bastante, en general, lo que es una banda sonora instrumental, en favor de múltiples canciones que muchos no creen necesarias, ya que venden más (todo es cuestión de dinero) los intérpretes populares con temas que nada tienen que ver con la película, que los compositores consagrados. De este modo, además, los estudios consiguen reducir gastos al ahorrarse un compositor. Es también la época de los grandes musicales, como la ya mítica West Side Story.

Los noventa
Pero sin duda la mayor variedad (tanto en el buen como en el mal sentido de la palabra) de la música de cine, se produce en la década de los 90. A principio reinaron las canciones no compuestas exclusivamente para una película, en una descarada carrera comercial que no sólo sirviese de promoción para la cinta, sino también valiese para que en la hucha de la productora entrase la mayor cantidad de dinero posible. El punto de partida para algunos lo pone Prince con Batman. Aunque casi todos los críticos coinciden en señalar como la gran beneficiaria de esta política a Cuatro Bodas y un Funeral, una discreta producción cinematográfica de la que no se cesaba de hablar en la radio debido a la magnífica recopilación de canciones que se podía encontrar en su metraje.
En definitiva, hoy en día nadie puede concebir una película sin una banda sonora, sin una música que acompañe y se adapte a las imágenes que estamos viendo. Y aunque algunos directores de cine casi despreciaron este elemento cinematográfico (“No me gusta la música de las películas. Detesto ver a un hombre en el desierto muriéndose de sed con la orquesta de Filadelfia detrás de él”, comentó John Ford), muchos otros no dudaron en utilizarlo (incluido el propio Ford) para dotar de una mayor calidad a sus producciones.

Publicado en FARO DE VIGO, el 13 de octubre de 2006

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2 comentarios Add your own

  • 1. jesus david  |  17, febrero 2010 en 6:22 pm

    quiero una banda sonora

    Responder
    • 2. PEPE  |  10, mayo 2012 en 4:23 pm

      en serio si es un rollo.Tu ers tnto tio bueno aya tu cn eso adss.
      BSS

      Responder

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