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La banda sonora. Una historia de cine
Desde aquellas primitivas filmaciones a finales del siglo XIX cuando el sonido del piano acompañaba a las mudas imágenes en blanco y negro, la música ha estado siempre intrinsecamente unida al cine, aunque no siempre se ha podido hablar de Banda Sonora Original.
La primera música se usaba en el cine, sobre todo, para paliar el horrible ruido que hacían las bobinas de las películas al pasar. Al poco, esta música comenzó a escogerse en función de las escenas que se veían en la pantalla. Fue en 1908 cuando surgió, en la práctica, la primera banda sonora original de la Historia del Cine, concebida especialmente para reforzar la expresividad de determinados pasajes de una película. En esta fecha, dos compositores, Camille Saint-Saëns y Mihail Ippolitov-Ivanov, crearon varias piezas para las películas El Asesinato del Duque de Guisa y Stenka Razin. Esto, más que ser tomado como ejemplo, fue visto como algo original y un poco excéntrico dentro de un mundo que no cesaba de evolucionar. En 1914 se producen cuatro películas con un fondo musical creado para ellas. Un año después, se sube a diez.
La desenfadados años 30… O Casi.
Esta época se caracterizaría por una mayor profesionalización de la música de cine, con los nombres de Erich Korngold y Max Steiner a la cabeza. La música sufría una metamorfosis, pasando de un acompañamiento constante, a un empleo más selectivo para subrayar ciertos momentos. Según Steiner “en aquella época, en las películas dramáticas se usaba la música únicamente cuando lo exigía el guión. Entre los productores, directores y músicos dominaba siempre el miedo a que les preguntaran de dónde salía la música. Por eso no ponían nunca música, a menos que pudiera explicarse por la presencia de una orquesta, fonógrafo o radio, que ya estaba especificado en el guión”.
Los cineastas se dieron cuenta de la gran fuerza del silencio en las películas habladas. Afirma Steiner que productores y directores “empezaron a añadir un poquito de música aquí y allá para acompañar escenas de amor o secuencias mudas”, en la primavera de 1931.
Al principio, la música se ajustaba a la acción de modo bastante burdo, y se tomaba de los archivos musicales. Esto cambiaría en 1933, con la película King Kong, cuando el citado Steiner demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura original totalmente sincronizada con las imágenes. Tras ella, llegaron Lo que el viento se llevó, Casablanca y decenas de filmes, recordados por la estupenda música de Steiner.
Pero sin duda fue durante los años 50 cuando el gran público comenzó a tomar más en cuenta la música de las películas, un cambio de actitud que los estudios rentabilizaron animando a sus compositores a escribir temas vendibles, melodías y canciones que pudieran editarse en disco. Por ejemplo, la canción «Moon River», de Johnny Mercer y Henry Mancini para Desayuno con Diamantes vendió más de un millón de copias. A todo ello contribuiría, por supuesto, la mejora técnica de los sistemas de grabación sonora.
La renovación de los 60.
Nuevas figuras ahora internacionalmente reconocidas, como Mancini, Barry, Morricone o Jarre invaden el sonido de las películas. Durante esta década se obvia bastante, en general, lo que es una banda sonora instrumental, en favor de múltiples canciones que muchos no creen necesarias, ya que venden más (todo es cuestión de dinero) los intérpretes populares con temas que nada tienen que ver con la película, que los compositores consagrados. De este modo, además, los estudios consiguen reducir gastos al ahorrarse un compositor. Es también la época de los grandes musicales, como la ya mítica West Side Story.
Los noventa
Pero sin duda la mayor variedad (tanto en el buen como en el mal sentido de la palabra) de la música de cine, se produce en la década de los 90. A principio reinaron las canciones no compuestas exclusivamente para una película, en una descarada carrera comercial que no sólo sirviese de promoción para la cinta, sino también valiese para que en la hucha de la productora entrase la mayor cantidad de dinero posible. El punto de partida para algunos lo pone Prince con Batman. Aunque casi todos los críticos coinciden en señalar como la gran beneficiaria de esta política a Cuatro Bodas y un Funeral, una discreta producción cinematográfica de la que no se cesaba de hablar en la radio debido a la magnífica recopilación de canciones que se podía encontrar en su metraje.
En definitiva, hoy en día nadie puede concebir una película sin una banda sonora, sin una música que acompañe y se adapte a las imágenes que estamos viendo. Y aunque algunos directores de cine casi despreciaron este elemento cinematográfico (“No me gusta la música de las películas. Detesto ver a un hombre en el desierto muriéndose de sed con la orquesta de Filadelfia detrás de él”, comentó John Ford), muchos otros no dudaron en utilizarlo (incluido el propio Ford) para dotar de una mayor calidad a sus producciones.
Publicado en FARO DE VIGO, el 13 de octubre de 2006![]()
Add comment 6, Noviembre 2006
Piel Digital
La industria del cine parece haber encontrado la panacea a la escasez de contenidos. A los remakes clásicos y las segundas partes se unen ahora las versiones de los videojuegos, una colaboración que tiene su contrapartida en el inevitable juego basado en la película. Márketing manda.
Corría el año 1982 cuando se daban los primeros pasos en esta, aparentemente idílica, relación entre el mundo del cine y el de los videojuegos, con el estreno de ‘Tron’. En este caso nació primero la película, y de su éxito devino el del juego, aunque tampoco hay que pasar por alto que este fue el primer filme en el que se utilizó el CGI (Computer Generated Imagery), con escenas ‘rodadas’ mediante computadoras, la tecnología que estrecharía aún más los lazos entre las dos caras de una misma moneda. Siguiendo los pasos de ‘Tron’, llegaron ‘Juegos de Guerra’ y ‘Mortal Kombact’. Si algo caracterizó a estos juegos fue el triunfo de la industria del merchandising. La publicidad del cine posibilitó el vender muchas más copias de los juegos y a un público más amplio.
La primera película basada en un videojuego fue ‘Super Mario Bros’. Sin desalentarse por el inicial fracaso, la industria siguió apostando por el que podía ser un filón de oro. De ‘Doble Dragón’ y la primera ‘Street Fighter’ (protagonizada por un más que olvidable Van Damme) a ‘Tomb Raider’, ‘Resident Evil’ o ‘Final Fantasy’. La primera, a pesar de no pasar a la lista de obras de arte del cine, logró llevar a la gran pantalla con éxito (económico) uno de los juegos más vendidos. Los fanáticos de ‘Tomb Raider’ consiguieron, además, poder disfrutar de Angelina Jolie embutida en el exhuberante cuerpo de Lara Croft.
Con ‘Resident Evil’ tampoco logró la industria del cine el gran espaldarazo que buscaba para este nuevo género. A pesar de ser uno de los juegos más vendidos del mundo, la versión cinematográfica volvía a quedar, de nuevo, muy por debajo de lo esperado.
Quizá fuese este fracaso inicial el que llevó a productores y directores a probar nuevas técnicas y pasarse al cine animado. De aquí salieron obras de mediana calidad, como ‘Final Fantasy’ o ‘Street Fighter 2′. Aunque recaudaron más que las anteriores el resultado general tampoco fue demasiado brillante. En estos momentos, la cartelera asiste a otros estrenos similares como ‘Doom’, basada en uno de los juegos más célebres de los últimos años. En la amistad entre el videojuego y el cine quien ha salido ganando principalmente no ha sido el cine, como podía caber esperar, sino la industria del videojuego. De cada estreno fílmico sale la esperada versión para consolas. Algunas sí han logrado alcanzar la fama y atrapar a los fanáticos de las historias de elfos y anillos o magos ingleses.
Otras, por el contrario, no han ganado la repercusión esperada. Este ha sido el caso de la última bestia de Peter Jackson, King Kong, cuyo actual fracaso digital ha sorprendido a propios y ajenos.
En los últimos años, tanto la estética como la filosofía del juego han cambiado. Los clientes solicitan un producto más refinado y complejo, que no se limite en cuanto a argumentos y personajes. Los primeros jugadores han crecido y están ahora rondando la treintena, por lo que es ahora cuando encuentran salida las versiones en videojuego de clásicos del cine como el novísimo James Bond, o el juego basado en las películas de El Padrino, proyectos que, a penas hace unos años, eran totalmente inviables.
MACHINIMA, EL UNDÉCIMO ARTE
De la fusión del cine y los ordenadores surge el ‘machinima’, un nuevo género que permite crear espectaculares filmes de animación aprovechando personajes y gráficos de videojuegos. Ya no hacen falta presupuestos multimillonarios ni cientos de diseñadores gráficos o miles de horas de trabajo para montarse una película de animación. Se elige un videojuego, se toman sus personajes y escenarios, se añaden diálogos, sonido y efectos y… ¡acción!
Es lo que se conoce como ‘machinima’ (del inglés machine cinema). Esta técnica prolifera en Internet, donde aficionados y productoras más o menos profesionales dan a conocer sus creaciones. Entre ellas hay cortometrajes, películas e incluso series con decenas de capítulos. Esta nueva modalidad de arte visual tiene ya su propia academia, la Academy of Machinima Arts & Sciences existe en Machinima.org, que, como no podía ser menos, concede sus propios premios, los Mackies, durante el mes de noviembre. Además, el Festival de Sundance ya cuenta con una categoría dedicada al ‘machinima’.
VERLO PARA CREERLO
La industria del video musical tampoco ha sido indeferente al ‘machinima’, actualmente pueden verse de este modo vídeos de Franz Ferdinand, Evanescence, The Killers o Beastie Boys. Además, las imágenes no puede usarse con ánimo de lucro, salvo que los creadores de los videojuegos cedan sus derechos. Hay numerosas páginas de Internet dedicadas al género, como Machinima.com o Machinimag.com, con enlaces para ver las películas y aprender a rodar historias propias con esta técnica. El ‘machinima’ no tiene horas de emisión ni pases. Basta con descargarse los archivos
y verlos cuando se desee.
Si, una vez visionados, has quedado atrapado por la magia de este nuevo género, puedes acercarte y crear tus propios cortos con algo de ayuda. Hasta el momento hay publicados dos libros, ambos en inglés, que desvelan todos los secretos de la fusión entre cine y videojuego. Son Rise of the Machine, de Brendan Sinclair, y 3D Game-Based Filmaking, de Paul Marino. Para quienes no dominen más inglés que el estrictamente necesario, es más que probable que la rápida fama de esta técnica haga proliferar los manuales en español y las traducciones en breve. Mientras tanto, a practicar idiomas.
Publicado en FARO DE VIGO el Viernes, 19 de mayo de 2006
Add comment 19, Mayo 2006
Cine, juventud y tribus urbanas

‘Juventud, divino tesoro / te vas para no volver’, cantaba el bate de Nicaragua. Muchos son quienes rinden pleitesía a la edad de la pérdida de la inocencia, cuando la juventud comienza a acercarse al mundo real y pierde su halo de inmutablidad. El cine, como reflejo de la sociedad y de la vida en la que se desenvuelve, ha recurrido en decenas de ocasiones a las historias de juventud, a los grupos, los guettos y los enfrentamientos entre las distintas tribus urbanas.
La historia del cine siempre ha sentido una inevitable atracción por la juventud y por todos los valores que esta encarna. Su despreocupación, su fuerza, su actitud ante la vida, en ocasiones inconformista, en otras totalmente indiferente.
A lo largo de los años, cientos de películas han buscado en diferentes modelos de jóvenes la base y el tema para sus historias. Jóvenes rebeldes, con o sin causa, marcados por la moda de su tiempo, por sus circunstancias, por la sociedad que les rodea. Se cuentan por centenares los filmes que tratan el tema de las diferentes tribus urbanas, su círculo y su modo de vida.
Quizá de todas, la más memorable sea Quadrophenia. Rodada por Franc Roddan en 1979, la película ha pasado a la historia del cine de culto como una de las mayores representaciones del espíritu mod. La música de The Who, las vespas y los enfrentamientos con los rockers, la tribu rival, son el centro sobre el cual gira la película, que sirvió, además, como debut cinematográfico para un jovencísimo Sting. A pesar de reflejar el mundo circundante en la época de los sesenta, la actualidad de Quadrophenia es tal que nunca ha pasado de moda. En la misma época, pero con un cariz totalmente opuesto, se rodó Hair. En clave de musical, y dirigido por el checo Milos Forman, la película refleja el movimiento social que se levantó contra la guerra de Vietnam. La banda sonora, como en la anterior, ha quedado inmortalizada para el recuerdo con temas como ‘Aquarius’.
Años antes, en el mismo escenario neoyorquino, las peleas entre las bandas rivales Jets y Sharks crearon el musical West Side Story, edulcorada revisión de un Romeo y Julieta pandillero donde la nota racial marca la diferencia. El racismo y las peleas entre diferentes tribus han sido frecuentemente revisitadas en el cine actual, con mayor o menor éxito. De entre las más recientes destaca la francesa El Odio, brillante obra maestra sobre la marginación y la creación de guettos en las actuales y modernas urbes europeas.
Sin duda, los años sesenta dieron para mucho en el cine, y sus temas siguen tratándose hoy con toda actualidad. Esta época vivió también el nacimiento del fenómeno punk, que no sólo cambió la forma de entender la música, sino que dio un nuevo giro a la expresión ‘rebeldía de juventud’. Los británicos Sex Pistols fueron sus principales adalides y representantes. Si no toda su historia, al menos sí la más pública, la truculenta relación de Sid Vicious, el hermoso ‘poster viviente’, con Nancy Spungen. A mitad de camino entre la biografía, el musical y la fantasía surrealista, Sid and Nancy supuso el despegue como actor para el brillante Gary Oldman y, aunque reflejaba de modo bastante certero las vivencias del mundo punk, Alex Cox, el director, se centró más en la historia de amor destructivo, drogas y muerte de la mítica pareja.
Calles de Fuego y Rebeldes coronan la lista de películas de tribus en los ochenta. Rockeros y peleas pueblan cada fotograma de la primera. En la segunda, basada en la obra homónima de la jovencísima Susan Hinton (apenas tenía 16 años cuando la escribió), Coppola descubrió a una cuadrilla de grandes actores, entonces apenas prepúberes con espinillas y hoy estrellas indiscutibles del celuloide. Tom Cruise, Matt Dillon y Patrick Swayze formaron entre otros el Brat Pack (hatajo de mocosos) a los que hoy en día no hay quien tosa en el universo Hollywood. Pony Boy, junto a sus dos hermanos mayores y sus amigos forman parte de una pandilla callejera, los “greasers”, chicos pobres que viven al límite de la legalidad.
La aportación española a la necesariamente corta lista de películas memorables de juventud y tribus urbanas es la medianamente aceptable Historias del Kronen. El realizador Montxo Armendáriz llevó al cine la novela de José Ángel Mañas, la historia de Carlos, un joven estudiante de 21 años que no tiene nada claro qué es lo que desea hacer en la vida, excepto salir de discotecas y beber lo más posible con sus amigos.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 9 de septiembre de 2005
Add comment 9, Septiembre 2005
Filosofía del Cómic

Aunque todavía haya quien califique al cómic como género menor de la literatura, lo cierto es que sus trazados e historias han marcado una época y a más de una generación. Aunque realizar una historia detallada es una tarea casi más académica que periodística, sobre todo por las obvias cuestiones de espacio, ofrecemos un breve recorrido por los momentos más importantes del cómic mundial.
La historia del cómic es la historia de la evolución humana, el sueño de la razón hecho papel y tinta. Son muchos los que defienden que el comienzo del cómic se remonta ya a los jeroglíficos egipcios, donde el texto iba acompañado de imágenes. Pero, sin remontarnos tan atrás, lo que nosotros conocemos como cómic, o tebeo, nació en Estados Unidos en 1860. El “New York Journal” comenzó aquel año a publicar las historietas de The Yellow Kid de R.F. Outcault. Muchos fueron los que tomaron su humor y su sarcasmo como un requisito imprescindible para realizar buenos comics. Fue a finales de los años 20 y principios de los 30 cuando el cómic se hizo adulto, adoptó un dibujo mas realista, más académico, consagró las grandes sagas protagonizadas por personajes fijos, y asimiló los encuadres popularizados por el cine. Los años 30 fueron el momento de los grandes comics clásicos de Alex Raymond (Falsh Gordon, 1934), Lee Falk (El Hombre Enmascarado, 1936) , Harold Foster (El Príncipe Valiente, 1937) o del célebre TinTin de Hergé. Al llegar los años 60, con la creación de Marvel Comics, nacieron las viñetas el Cómic Book, un nuevo mundo de héroes y villanos de los que actualmente se alimenta el cine. Este fue el nacimiento de héroes como Spiderman.
Pronto el cómic ampliaría sus miras y se enriquecería en cuanto a géneros. Desde el cómic para niñas, hasta el de terror o el porno, pasando por los nuevos géneros de finales de siglo, como el manga japonés, la última revolución en el mundo de la viñeta, el cómic y su universo no ha dejado de crecer y expandirse.
Inevitable conocer
El víbora: Tras casi 25 años de historia a sus espaldas, esta mítica revista catalana ha dado por finalizada su edición. El bajo nivel de ventas ha propiciado la llorada desaparición de uno de los principales baluartes del cómic underground en España. En sus inicios la revista acogió historietas actualmente de culto, como “Erecciones generales” de un jovencísimo Almodóvar o los primeros dibujos de Mariscal.
Tintin: Es, sin lugar a dudas, el héroe belga por excelencia. Creado por Hergé en los años 30, Tintin, su perro Milú, el Capitán Haddock, Hernández y Fernández y los demás personajes que pueblan sus viñetas, forman ya parte de la memoria colectiva de un país y de una época. El joven periodista quedó huérfano con el reciente fallecimiento de su creador, al que le quedó el consuelo de haber creado escuela en el mundo del cómic.
Mortadelo y Filemón: En 1958, el más internacional de los dibujantes españoles, Francisco Ibáñez, dio a luz a una criatura bicéfala. Los singulares detectives de la T.I.A., Mortadelo y Filemón, veían el mundo por primera vez en los albores de los años 60. Desde entonces han sido traducidos a decenas de idiomas, han llegado a la gran pantalla y han seguido destrozando los nervios del súper-intendente Vicente.
Capitán trueno: El primer gran tebeo español nació de la colaboración de Mora y Ambrós, que se repartieron la tarea de dar vida al que fue uno de los personajes más carismáticos del cómic español. Desde 1956 este paladín de la justicia, defensor de los débiles, luchó contra el sectarismo, la ambición desmedida, la tiranía, la injusticia, la esclavitud, y la lujuria, acompañado de sus inseparables Goliath y Crispín y su eterna novia Sigrid.
El jueves: Sus personajes son ahora auténticos iconos de la cultura del cómic y del humor del país. Tras 25 años de pura imaginación descabellada, ‘El jueves’ es la publicación para adultos con más longevidad. En sus páginas coinciden las plumas más avezadas y las más nuevas. Forges, Enrique Ventura, Kim y Óscar, Albert Monteys, Manel Fontdevila y Mauro Entrialgo conviven pacíficamente en “la revista que sale los miércoles”.
El cómic en Galicia
Hablar del mundo del cómic en Galicia es hablar de la bienal de A Coruña, Viñetas desde O atlántico, donde, en los últimos años, se han dado cita los más conocidos dibujantes gallegos. Manel Cráneo, Kiko da Silva, Alberto Guitián, Jano, David Rubín y Alberto Vázquez, entre otros, son los nombres que destacan dentro de la historia del cómic en esta comunidad. En la anterior edición del Festival, que tuvo como tema inevitable el desastre del Prestige, se presentaron dos productos de elevado interés y cuya imagen representa el estado actual del dibujo gallego. H2OIL, tebeo reivindicativo en el que los sesenta y seis dibujantes gallegos ejercieron su libertad de expresión a través de la viñeta. La segunda fue Barsowia, que se ha definido como un tebeo genuinamente gallego, un muestrario de las aptitudes de los autores, entre los que destaca el coordinador Kike Benlloch. Este año las novedades han sido menores, pero la calidad del material presentado a aumentado considerablemente. La editorial Polaqia ha seguido afanada en la ardua tarea de publicar a autores gallegos como Emma Ríos o Gochi.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 3 de septiembre de 2004
Add comment 3, Septiembre 2004
Registra tu intelecto

Más vale registrar, que llevarse una sorpresa desagradable. Éste es el lema de los más jóvenes creadores que, dado que el plagio está a la orden del día, acuden en masa a las oficinas del Registro de la Propiedad Intelectual para dejar constancia de su autoría y su arte. Te damos algunas pistas para que sepas de qué va el tema y ahorrarte un viaje a la ventanilla de información.
El número de personas que actualmente registra sus creaciones ha crecido. Sin embargo, la totalidad es aún bastante baja. Por norma, escritores, dibujantes, diseñadores o compositores no registran una idea hasta que no se ven en la tesitura de tener que publicarla, e incluso en ese caso, suele ser la editorial o algún órgano intermedio el que se encarga del tema.
Aun a pesar de que en principio pueda parecer un trámite engorroso, el registro de las creaciones intelectuales es un paso definitivo para la difusión de una obra. No hay que olvidar que el plagio es una práctica desgraciadamente habitual, y que, sin el adecuado registro, son muy pocas las maneras de demostrar legalmente que una obra ha sido copiada.
Pero, ¿qué es?
El Registro de la Propiedad Intelectual es un instrumento de constancia oficial de la titularidad de los derechos de propiedad intelectual sobre una creación original literaria, artística o científica, así como de una actuación o producción audiovisual, según lo contemplado por la Ley de propiedad intelectual. Pueden registrarse desde textos literarios, científicos o musicales, hasta programas de ordenador, bases de datos, diseños arquitectónicos o páginas web. Para no perderse en legalidades, lo que ante todo interesa saber es que este organismo estatal vela por la originalidad de distintas creaciones intelectuales, que, al ser registrados bajo el nombre de su autor o autores, queda protegido por la ley de prácticas ilegales de copia o plagio.
El Registro de la Propiedad es un registro de los derechos que los creadores tienen sobre sus obras, no de obras en sí mismas, como viene a ser el Depósito Legal.
I.S.B.N, registro y depósito.
Puesto que todas estas competencias se ejercen desde los servicios territoriales de la Dirección General de Promoción Cultural, hay que establecer las diferencias, y, ante todo, dejar claro que son competencias distintas.
El Registro es un instrumento de protección de los derechos de propiedad intelectual que se puede utilizar de forma voluntaria para proteger mejor los derechos del autor o del propietario de la obra. En cambio, el Depósito Legal tiene como misión esencial recoger toda la producción bibliográfica nacional mediante la obligación impuesta a impresores y productores de depositar un determinado número de ejemplares para la Administración.
El I.S.B.N. (International Standar Book Number) es un código numérico internacional que los editores están obligados a hacer constar en los libros y folletos, teniendo como fin principal simplificar las operaciones estadísticas y comerciales entre libreros y editores. Al creador, por tanto, sólo le corresponde ocuparse de manera personal del Registro de la Propiedad, y dejar todo lo demás en manos de los editores.
Qué necesitas.
Se realiza una solicitud formal de inscripción en alguna de las oficinas que tiene el registro en las distintas provincias españolas. Una obra puede quedar registrada por varias personas, un autor y otros titulares de los derechos. Para registrar una obra hay que llevar una copia de la misma, encuadernada, a excepción de las obras plásticas, que basta con llevar una foto, y una copia del D.N.I. de los autores y titulares de los derechos. Las obras que se presenten en papel han de ir debidamente numeradas, en la portada tiene que constar el título completo y el nombre y apellidos del autor originario. Las obras que se presenten en soportes diferentes al papel, en un CD, por ejemplo, tienen que estar, sobre todo, bien protegidas. En el caso de registrar creaciones musicales el trámite es más complejo. Además de la grabación de los temas, se debe rellenar en el correspondiente formulario lo relativo a género musical, duración aproximada, número de compases, partitura y la plantilla instrumental y vocal, en el caso de que la tenga. Una vez cumplimentados los impresos que facilitan en las oficinas, deben abonarse las tasas en el banco, según sea el tipo de obra y registro que se desee hacer. Si el solicitante del registro no es el autor de la obra, tendrá que aportar una autorización firmada por el autor.
La inscripción es eficaz desde la presentación de la solicitud, siempre que ésta no tenga errores sustanciales que deban ser corregidos. Pasado un tiempo desde la presentación, que puede ir desde dos semanas a dos meses, el registro remite una carta al autor o a los titulares indicando si el registro ha podido finalizarse de manera adecuada.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 6 de febrero de 2004
Add comment 6, Febrero 2004