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La nueva visión artística
Promocionar el talento de la juventud artística, ahondar en las raíces de unión de dos regiones tan cercanas como ocasionalmente dispares, como son Galicia y el Norte de Portugal. Estas son las principales, pero no las únicas premisas sobre las que gira la VII Bienal Eixo Atlántico que, durante este mes de septiembre, mostrará sus obras en la sala vilagarciana de Rivas Briones.
Como frontera fluida y visible se extiende el río Miño entre el gallego y el portugués. Una frontera que, por ocasiones, se hace un inmenso lago inabarcable e intransitable y que, por otras, queda reducida a un diminuto meandro, que puede saltarse casi sin coger impulso. Galicia mira hacia el norte del vecino luso, y lo siente cercano, similar, a pesar de las obvias diferencias. Dos primos hermanos que saben, aunque no lo digan, que tienen entre sí muchas más similitudes de las que pueden reconocerse en un primer vistazo.
Es por eso que iniciativas como la Bienal de Pintura de Eixo Atlántico, que en este 2006-2007 celebra su séptima edición, ayudan de un modo real y cercano a que las ciudades que giran en torno a este único eje, hablen el idioma que hablen, contemplen y admiren el trabajo de los jóvenes talentos que anidan en sus calles.
El arte ha sido durante milenios uno de los principales hilos unificadores de las más diversas culturas y nacionalidades. Aunque, en ocasiones, los políticos no se entiendan, los artistas logran casi siempre la comunicación, pues, incluso teniendo en cuenta las diferencias culturales, idiomáticas o generacionales, el artista habla en todo momento una única lengua: la de la creación.
Los jóvenes talentos reunidos en torno a esta exposición itinerante, que estará durante el mes de septiembre en la sala Rivas Briones de Vilagarcía, para después recorrer diferentes ciudades gallegas y lusas durante dos años, tienen un mismo hilo conductor, una misma pasión, pese a que su manera de expresarla, el cauce que le dan, sea radicalmente diferente en más de una ocasión.
Una de las principales ventajas con las que cuenta una exposición itinerante es el alto número de público al que llega. Porto, Viana do Castelo, Ferrol, Lugo, Vila Real, Braga, Santiago y Vigo son sólo algunos de los enclaves que estas obras visitarán.
Otra ventaja es que esta bienal no es sólo una exposición. Es un certamen, un concurso en el que el jurado, integrado por artistas, periodistas, directores de entidades financieras y diferentes personalidades, ha elegido un primer premio del certamen, dos segundos premios (uno gallego y otro portugués) y dos menciones especiales, también una para cada nacionalidad. El prestigio y el reconocimiento que da, ya no formar parte de la exposición, sino el haber acaparado alguno de los premios, es algo con lo que más de un artista sueña, cuando deja los pinceles al final del día.
Esta exposición tiene un punto común, el mismo que posee la representación artística actual: la variedad. Diferentes técnicas, diferentes enfoques, diferentes modos de acercarse a un mismo objetivo.
En las paredes de la sala vilagarciana cuelgan óleos, técnicas mixtas sobre telas, maderas o cobres, témperas, acrílicos, carboncillos, serigrafías, esmaltes. Figuraciones, abstracciones, reflejos, dibujos. Si acaso se pudiese sacar un único tema, una escuela de estas obras, todas ellas pertenecientes a jóvenes talentos del territorio gallego y portugués, esta sería la variación, la innovación técnica conviviendo con el regreso a la mirada más clásica.
La nueva visión pictórica, influenciada por el diálogo con otras artes plásticas como la publicidad, asoma en las creaciones de estas jóvenes promesas del pincel.
Publicado en FARO DE VIGO, el 15 de septiembre de 2006
Add comment 6, Noviembre 2006
Entrevista a Raúl Barcelos
En España faltan aún diez años para entender lo que yo hago”
El trabajo de Raúl Barcelos resulta impactante, llamativo, directo. Desde las fuentes de la publicidad y el diseño de la imagen, su primera exposición individual llega al auditorio de Vilagarcía cargada de originalidad, ideas propias y fantasías rescatadas del imaginario colectivo.
En un primer vistazo su exposición “Visiones reflejas” sorprende. En una segunda mirada, asombra. Diseño gráfico, mensaje escrito, nuevas técnicas y diferentes modos de ver aplicados a un mismo fin: la explosión creativa. A unos días de descolgar sus obras de la sala del auditorio de Vilagarcía, hablamos con el artista segoviano sobre los infinitos matices de su obra.
_Hoy por hoy aún sorprende al público la mezcla entre ilustración, la fotografía y la publicidad. ¿Es complicado el panorama para este tipo de creación plástica?
_ Sí, la gente se queda bastante sorprendida. Yo no me considero precursor de nada, pero estoy luchando mucho para que se reconozca este tipo de arte. Hay gente muy purista a la que no le gusta esta mezcla, que sólo quieren ver o fotografía o pintura, cuando lo cierto es que si te mueves un poco y vas a exposiciones o a citas como ARCO, ves que hay pocas cosas puras hoy en día.
_¿Qué fue primero, la publicidad o la obra artística?
_Siempre me ha gustado mucho el diseño y la publicidad, y he estado dedicado a ello durante mucho tiempo. Esto es una vena creativa de expresión, es pura creatividad que no busca vender cuadros.
_¿Estamos preparados en España para esta mezcla de técnicas y de estilos?
_Personalmente creo que aún quedan unos diez años, más o menos, para que esto se empiece a entender y a aceptar. Para mí la mezcla enriquece, es lo más impactante de todo. Si sólo creas pintura, o ilustración o fotografía es sólo eso, pero si lo unes todo se ve de manera diferente. Hoy por hoy, no hay mucha gente haciendo esto, se puede ver en algunas galerías y en algunas revistas y el impacto visual es inmediato.
_El impacto de tus creaciones, de hecho, es algo muy llamativo, muy publicitario, como el uso del lenguaje escrito en los cuadros.
_La publicidad es algo instantáneo, llama la atención enseguida y eso es lo que busco. La mezcla de tipografías se suele hacer en los carteles publicitarios y a mí me gusta mucho. Es un tipo de trabajo que me encanta y que disfruto.
_Esta es tu primera exposición individual, ¿ha sido complicado el proceso?
_Bueno, yo me encontraba bastante reticente a exponer, porque a la hora de vender un cuadro en una exposición individual, estás sólo frente al público, y eso da un poco de miedo. Otra de las cosas que me ha hecho retrasarlo es que quería que fuese todo muy correcto, muy pensado. No se trataba sólo de colgar los cuadros en una sala y ya está. Hay que buscar más, hacer otro tipo de composiciones. En esta exposición, al final, por falta de medios no se ha podido hacer, pero lo que en verdad busco es traspasar el marco, hacer una composición visual que abarcase las obras, tipografía en las paredes. Ir un paso más allá. Al final todo resulta ser muy ortodoxo, pero es muy complicado y lleva mucho tiempo y necesita unas condiciones concretas.
_¿Cómo valoras el mercado del arte en un terreno tan complicado?
_En general vender es muy difícil. Hay mucha gente que hace casi de todo, y que pide muchísimo dinero por las obras. A mi me habían dicho que pidiese más, pero será por la vena de publicista, he intentado adecuar el precio al objetivo. Además, yo no busco vender, no es mi prioridad. Lo que realmente quiero es que queden bien, lo de las ventas ya no depende tanto del artista, sino del público.
_En las galerías y en el mundo especializado, ¿existe un mayor aperturismo hacia esta visión artística?
_En las galerías me he encontrado prácticamente de todo. Hay gente que te dice que debes pintar algo, lo que sea. Y que piden que la obra sea “única”, cuando una obra es única si hay menos de siete reproducciones. Pero a mi cuando empiezan así ya no me interesa. Sin embargo hay otra gente a la que sí sé que ha gustado mucho. Y en concreto ya tengo otras dos exposiciones apalabradas, bastante interesantes, pero aún sin cerrar.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes 25 de agosto de 2006
Add comment 6, Noviembre 2006
Paisajes de la memoria subconsciente
La torre desconocida y misteriosa que surge de las profundidades del mar, el pez–isla, el barco fortaleza que se enfrenta, con su cubierta de bosque, a los rigores de la tempestad. Las complejidades sin explicación del imaginario colectivo, del subconsciente que aflora en los cuadros de Mario Iglesias que, desde hoy, estarán expuestos en la galería Arcana.
“Me resulta muy complicado intentar explicar mi pintura, no tengo un proyecto ideológico, algo que tenga claro y de lo que pueda disertar. Sencillamente lo que se ve es lo que sale en el momento de pintar. Creo que si hay que dar demasiadas explicaciones, algo falla.”
La pintura de Mario Iglesias se basta para explicarse a si misma, sin necesidad de grandes discursos teóricos ni clases magistrales sobre la verdadera naturaleza del arte. Su obra existe, y permanece en el campo visual del observador, incluso cuando ya se ha ido. Los lienzos, de una densidad extraña, misteriosa, persisten en socavar la tranquilidad de un espectador indiferente. No hay indiferencia en las obras de Iglesias, donde todo se cubre de un verde azulado, oscuro, un paisaje misterioso y sobrecogedor, que arrastra hacia el mundo de los sueños, de las pesadillas. “Pero no son cuadros tétricos”, comenta el autor, “a mí no me gustan los paisajes y los temas tétricos. Son misteriosos, desconocidos. Y supongo que lo que tiene misterio también asusta un poco. Son lugares que han estado ahí desde siempre, paisajes que pertenecen a la memoria imaginaria de todos, desde antes incluso de nacer”.
“Memoria imaginaria”, este es el título que engloba la exposición que, desde hoy viernes hasta el 22 de mayo, colgará de las paredes de la galería Arcana. La obra más reciente de Iglesias presenta una unidad que no siempre resulta sencilla de encontrar en el conjunto expositivo de un artista. “Supongo que es porque están todos pintados en un mismo momento, casi podría decir que del tirón. Pero pictóricamente he pasado por muchas épocas. Desde el colorido hasta el tono más suave de los pasteles. Y ahora, sencillamente, la pintura se ha ido oscureciendo. Es algo a lo que ha llegado ella sola”. Dejar que la obra evolucione, respire y fluya por sí misma sin imposiciones externas es una de las principales premisas del pintor pontevedrés.
La influencia de los grandes tiene un lugar destacado dentro del panorama pictórico del artista. Si bien la enumeración de nombres es larga y profusa, destaca por encima de todo el realismo mágico de Magritte, que Iglesias transforma en un estado del subconsciente más cercano a autores puramente surrealistas, donde la imaginación y la capacidad de abstracción del espectador resulta básica para la interpretación del cuadro. “Pero todo esto lo digo a posteriori”, recalca, “en el momento de pintar no me planteo si tiene un matiz negativo o positivo, si dentro de ese barco que flota en un mar hostil hay o no gente. Son pensamientos que vienen después, cuando el cuadro ya está terminado y lo observas desde fuera”.
El arte por el arte. Aunque estudió en la facultad de Bellas Artes de Pontevedra, Mario Iglesias lleva ya más de treinta años pintando. Explorador nato de todo tipo de soluciones artísticas, su obra más reciente bucea en las técnicas mixtas del óleo con aceites y acrílicos. Antes de recalar en la galería vilagarciana, donde ya estuvo hace cuatro años, Iglesias mostró su obra en la ciudad alemana de Munich.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 22 de abril de 2005
Add comment 6, Julio 2006
Mar de Texturas

El mismo océano baña las playas cambadesas y las orillas gaditanas. Sin embargo, la luz y el color cobran diferentes matices, texturas únicas que el pintor catalán Antonio Mateos refleja en los óleos que estos días, muestra en la galería Borrón 4.
La paleta de Antonio Mateos desprende luz, la luz irrepetible de los paisajes marinos de Cádiz, base casi única de las obras que estos días expone el barcelonés en la galería Borrón 4. Una luz difícil de confundir, brillante, que huele a verano, a playa, a arena caliente y a salitre. “La pintura debe tener luz, debe irradiar iluminación, aunque sea gris, tenue, en semisombra. Si un cuadro no tiene luz está triste, y soso”, afirma Mateos. Niños que juegan al sol en la arena de la playa, que pasean su verano en un cubo y una pala. Niños que observan, desde los formatos alargados en extremo de la tela, los vaivenes azules de las mareas. “El tema marítimo fue el que me pareció más adecuado para esta exposición en Cambados, que es un pueblo costero, pero no es el único que trabajo, aunque sí el más reciente. Habitualmente escojo el tema general de la exposición según el lugar en el que la voy a hacer. Cuando llevé obra a la feria DeArte de este año, a la que acudí con Borrón 4, los cuadros elegidos eran básicamente sobre el paisaje madrileño, con figuras humanas”, comenta el pintor. Dentro de la versatilidad temática que afirma poseer, revisa de igual modo el paisaje urbano de Madrid, donde reside, el de las montañas y pequeñas barcas marineras, a las que se acercan sus pinceles por vez primera en esta ocasión. De esa inicial toma de contacto en la capital con la galería arousana surgió la exposición actual, que acerca hasta estas latitudes la obra de un pintor aún por descubrir para el arte gallego.
Dentro de la mezcla y la variación en la que se mueve el panorama artístico más reciente, sorprende la constante elección técnica. Mateos se decanta, en todas y cada una de sus creaciones, sólo por el óleo.
“Lo cierto es que no me atrae jugar con otros materiales, en ese sentido soy bastante clásico y, aunque he trabajado con acrílicos y acuarelas, al final siempre termino regresando al óleo. Y, de momento, no voy a cambiar nada en ese sentido. No me interesan otras texturas, al menos ahora, porque creo que aún tengo mucho que descubrir en este campo, que tiene mucho que ofrecerme. Es una decisión artística válida. Domino otras técnicas, pero no deseo usarlas, al menos de momento”.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 28 de abril de 2006
Add comment 28, Abril 2006
Ventanas de luz

Algunos cuadros son ventanas a mundos diferentes. Otros lo son en más de un sentido. En su primera exposición en Vilagarcía Fernanda Fernández nos presenta algunas de las obras más destacadas de su creación.
La luz, brillante y omnipresente, se alza como principal protagonista en la obra pictórica de Fernanda Fernández. Es ella, esa luz única, repleta de contrastes y texturas, la que proporciona infinitos matices al color.
En sus cuadros, las pinceladas, de finas, casi llegan a fundirse en la mirada, en busca de un hiperrealismo chocante y asombroso desde el primer momento. Su técnica y su estilo no son en absoluto desconocidos en la localidad arousana en la que ahora expone, hasta el próximo 17 de abril; una de sus obras más llamativas resultó finalista en el concurso de pintura Rivas Briones. Un enorme mural en cuatro escenas de los jugadores de rugby de la universidad de Vigo que llamó la atención de expertos y visitantes por el tratamiento del tema y por el cuidado mimo y detalle de las formas.
“Pinté este cuadro un poco para resarcirme de otro anterior, también sobre el mismo tema, que no me gustó demasiado en su momento. Aunque ahora ya me he reconciliado con él. Lo que pasa, cuando estás mucho tiempo trabajando sobre una misma obra es que llega un momento en que te cansas, te satura, y ya no la puedes ver delante. Cuando pasa el tiempo y la vuelves a mirar, ya acabada, te das cuenta de que tampoco está tan mal”.
Unifica la exposición sin título un cierto tema urbano, sólo roto por algunas escenas marítimas que no pierden, tampoco, el referente de la ciudad. El paisaje de Vigo, pero también el de Asturias y detalles de Dinamarca, todo marcado por una mirada capaz de buscar la esencia de la belleza en cualquier rincón. “Pinto lo que me gusta, cosas que, estéticamente, me parecen bonitas. Aunque lo que es bonito siempre cambia de una persona a otra, a veces, incluso de un momento a otro para la misma persona”.
Pero antes de la pintura, está la fotografía. “Hago fotos de aquellos lugares que más me gustan, y después los pinto, excepto si quiero pintar algo que veo muy a menudo o que tengo muy cerca. Pero normalmente hago fotos porque con ellas captas la luz y el color deL momento, que es diferente al instante”.
Esta diferencia y variación se aprecia significativamente en las tres torres, una misma construcción y tres obras distintas, que recogen la variación del color gracias a la cambiante luz a lo largo de un mismo día.
De entre las decenas de pequeños y llamativos detalles destacan, sobre todo, las ventanas. Con persianas y graffitis, con contraventanas de desvencijada madera, siempre presentes, ocultando quizá algo más allá de la apariencia.
Las ventanas de las obras de Fernanda Fernandez están cerradas, aunque estén abiertas. El sol, la luz de nuevo omnipresente, reflejada en el cristal, devuelve una imagen de la calle en la que se sitúa el espectador, pero impide que éste se adentre en la estancia que hay más allá.
Ventanas de grandes edificios y pequeñas casas asturianas. Ventanas envejecidas por el paso del tiempo y por la acción de los hombres. “Siempre me han gustado, me atraen. No sé por qué, quizá tenga algún significado psicológico, quién sabe. Pero las pinto, básicamente, porque me gustan”.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 17 de marzo de 2006
Add comment 17, Marzo 2006
Lo lúdico del arte

El arte no tiene porqué ser algo serio, unilateral, con un sólo significado y una sola interpretación. La exposición que el artista mexicano afincado en Pontevedra Justo Ilhuicamina cuelga estos días en la galería Arcana de Vilagarcía desmiente los tópicos de la unidireccionalidad artística.
Definir el arte que realiza Justo Ilhuicamina es complicado, en ocasiones, imposible. Pintura, escultura, relieve, collage. Todo en uno sobre las paredes de la galería Arcana desde el pasado viernes 17. “No puedo darle una definición concreta a lo que hago”, comenta Justo, “quizá sólo que está dentro de las artes plásticas, pictóricas”.
‘El Calambrón’ es el sugerente nombre de la muestra. La nominación está extraída de una de las obras que se presenta, el taller de reparación de gambas ‘El Calambrón’. Sonoro, curioso, inconfundible. Como su propia obra.
“Lo principal para mi es la búsqueda de ese lado lúdico y divertido que todos tenemos, que tiene todo lo que hacemos. Quitarle un poco de esa seriedad que parece revestir todo el arte”. Sus creaciones, como juegos de artista, cobran forma poco a poco, con el propio ritmo de la creación. Porque para Ilhuicamina las obras nunca están completas, terminadas, cerradas. “No trabajo con un boceto preestablecido. La obra surge muchas veces de una idea simple, de un color, de una forma. Y va creándose a si misma según va creciendo. Se complementa con piezas de otras obras anteriores, se interrelaciona con ellas. Nunca están totalmente terminadas, porque siempre cabe un nuevo detalle”.
A él, el arte le viene de familia. De padres pintores, hace más de veinte años que este mexicano afincado en Pontevedra se dedica al mundo artístico profesionalmente. “Con el tiempo ha ido evolucionando mi técnica de manera natural. Ahora mis obras son muchas veces fruto de la casualidad, de las circunstancias. Uso materiales que llegan hasta mi de manera arbitraria”.
La búsqueda de una obra interactiva es la base de la exposición de Justo. El cuadro que observa al espectador, la pieza que puede moverse según se quiera, la diferente disposición que pueden tomar cada una de las figuras, a gusto del artista. “Estos son mis artefactos”, comenta refiriéndose a las composiciones móviles que se distribuyen por el espacio de la sala vilagarciana, “yo les llamo mis bichitos. Son personajes que se interrelacionan con lo que les rodea, que se pueden moldear y cambiar”.
La unión entre el arte y la ciencia es otro de los factores clave en la obra de Ilhuicamina. “Es una línea de trabajo que me marqué hace tiempo. Parte de dos ideas, la primera es la búsqueda del lenguaje propio de los materiales, la madera, las piedras, la reivindicación del plástico, tan importante hoy en día en la vida cotidiana, y tan denostado por el mundo del arte. La segunda idea es la interrelación entre ciencia y arte. No todos los hombres de ciencia carecen de la sensibilidad del artista, y las piezas de las máquinas son a veces pequeñas obras de arte increíbles. No hay más que mirar a Da Vinci, el maestro. Científico, artista. Aunque yo no pretendo llegar hasta ahí, tampoco soy un hombre de ciencia, sólo me gusta observar la belleza de todo ese mundo futurista, al que nos dirigimos sin remedio”.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 17 de junio de 2005
Add comment 17, Junio 2005
Bestiario Infrecuente

La mirada de la pintora pontevedresa ROSA ÚBEDA devolverá a los más feroces críticos a esa edad primitiva del hombre en la que la simplicidad de las formas desnuda de toda pretensión formal la representación de la realidad. El expresionismo del que hace gala la pintora da muestras una manera de sentir la pintura poco habitual.
Los acrílicos sin título de la pintora son el reflejo, que no la copia directa y a veces burdamente fotográfica, de situaciones reales y sentimientos que convergen desde el lienzo hasta las pupilas sorprendidas del observador.
El color repleto de formas imposibles de sus últimas obras expuestas en Arcana difieren con sus anteriores creaciones, en las que el marrón, el negro y apagaban su paleta de colores, ahora en plena ebullición de rojos y azules. El estallido actual del color y la vistosidad ha dejado claro en su obra las múltiples facetas que Rosa Úbeda esconde tras sus monstruos de cientos de ojos, parientes cercanos de aquellos que, escapando de los cuadros de Picasso, se escondían bajo las camas y en la oscuridad de los armarios de los niños por la noche.
En una larga y fructífera carrera, que la ha llevado a exponer en decenas de galerías gallegas o en la Casa de Galicia en Madrid, Rosa Úbeda ha hablado desde sus lienzos del lenguaje del arte que, como ella misma afirma, no tiene nada que ver con el lenguaje infantil, por más que muchos se empeñen en encontrarle similitudes. Un niño, o un artista naif no tiene cultura artística, sólo una cierta facilidad para pintar cosas de un modo instintivo. Un pintor no tiene nada que ver con eso, sino que hace relecturas de la tradición artística.
Las figuras de sus dibujos son para ella parte del imaginario colectivo y están dentro del subconsciente de todos ya desde la Grecia Antigua. Los monstruos, como el de siete ojos que dirige su múltiple mirada hacia el infinito, llegan rescatados desde los bestiarios legendarios de las edades antiguas del hombre, en una época en la que monstruos y personas vivían en un mismo mundo, abrazados en los pétreos soportales de las iglesias románicas.
El arte mesopotámico y asirio encuentra cabida en los temas, fundamentalmente femeninos de Rosa Úbeda, donde también se sitúan, salvando todas las distancias, las influencias de la portuguesa Graça Morais o de la ya elevada a la categoría de icono Frida Khalo.
Publicado en FARO DE VIGO, el Viernes, 28 de noviembre de 2003
Add comment 28, Noviembre 2003
